Que diferente es la vida en un pueblo. Pronto te conoce todo el mundo, y conoces a casi todo el mundo. Y enseguida ves esta manera tan particular que tienen los políticos de gobernar.
No es que sean peores,…son manzanas, como todos. Se pueden pudrir, afear. Le pueden salir manchitas de esas que hacen los gusanos. Lo particular del pueblo es que estás más cerca para verlo.
En la “capi”, en las cortes,… el político está allá lejos,..la tele todo lo maquilla, y esa pústula que le sale detrás de la oreja, .. o en el bolsillo, pues no se ve.
Aquí en el pueblo todo es más cercano. Mi alcalde es un tipo campechano, cercano. Un poco Sheriff, un poco Juan Palomo. El se guisa y maneja el pueblo como si fuera su casa. Cuando me lo encuentro y hablo con él, me recuerda a esos patriarcas familiares que velan y cuidan de sus cachorros, con mano dura y tierna a un tiempo, pero siempre con mano firme y con el cerebro encasillado. "El camino correcto, es mi camino, y por el andaréis todos."
Lo curioso del tema, y él me lo dijo una vez, es que con ese sistema lleva en el ayuntamiento más tiempo que las paredes, ganando elecciones, una tras otra, y otra, y otra,… (creo que ha perdido la cuenta)
Y dedicando un par de neuronas a esto, se me ocurren un par de razones.
- Mis vecinos están contentos con esta manera de gobernar, y se sentirían un poco huérfanos sin él.
- Pasan olímpicamente de quien les gobierne, y alcalde tiene la superfortuna de que siempre sale cara en la moneda con la que deciden el voto.
- No tienen otra alternativa, o la alternativa sería salir de Guatemala para entrar el un potaje de garbanzos.
Bueno, está claro que no sé contar.
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